El escrutinio de la segunda vuelta del pasado 7 de junio muestra un empate técnico. Luego de que el 100% de las actas fueran procesadas, la derechista Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, suma el 50,012% de los votos válidos y el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, el 49,998%.
Entre ambos hay una diferencia de 4.019 sufragios de diferencia, sobre un total que supera los 19,3 millones de votos contabilizados.
La primera posición cambió de dueño a lo largo del conteo. Hubo un tramo en que Sánchez estuvo al frente por menos de 5.000 votos, hasta que la llegada de las actas del exterior, sobre todo las de Argentina, le devolvió la delantera a Fujimori.
El voto del exterior y un mapa que se repite
En una elección que se decide por un puñado de votos, los peruanos que sufragaron fuera del país jugaron un rol importante.
Fujimori obtuvo 184.621 votos en el extranjero, el 63,4% de los válidos emitidos fuera de Perú, contra 106.697 de Sánchez: una brecha de casi 78.000 sufragios que hoy explica su ventaja.
La hija de Alberto Fujimori ganó en casi toda América, con amplitud en Estados Unidos, y se impuso con claridad en Chile, Argentina y España. En Japón, país donde reside una importante colectividad peruana, también el fujimorismo arrasó.
Puertas adentro, el mapa presenta una fractura que se repite: Fujimori dominó Lima con el 63,5% y Sánchez se quedó con regiones andinas como Cajamarca, donde rozó el 67%.
Para el analista político Hernán Chaparro, profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica del Perú, la foto es casi un calco de 2021, cuando Fujimori perdió ante Pedro Castillo.
«Donde ganó Castillo, gana Sánchez. Pero gana por menos. Y Fujimori, incluso donde pierde, pierde por menos. Por eso termina ganando por poco», explica a France 24. EFE












Add Comment