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Dra. Pamela Cabrera alerta sobre la “moda” de los péptidos: «Retatrutide no está aprobada por la FDA»

Santo Domingo.– En momentos en que las redes sociales se han convertido en escaparate para la promoción de “péptidos”, inyecciones y fórmulas presentadas como soluciones rápidas para adelgazar, la gastroenteróloga Pamela Cabrera advirtió que estos medicamentos no deben utilizarse por moda, recomendarse indiscriminadamente ni adquirirse sin evaluación y seguimiento médico.

Durante una entrevista en el programa Tal Cual con Marlenin Román, la especialista puso bajo la lupa la creciente popularidad de productos como Mounjaro, la tirzepatida y la todavía experimental retatrutide, al señalar que ninguna alternativa para la pérdida de peso puede indicarse correctamente sin individualizar al paciente.

“Todo tiene su indicación. Nada es mejor que lo otro. Lo más importante es ver al paciente como un todo, individualizarlo y determinar cuál es el método de pérdida de peso apropiado para esa persona”, sostuvo Cabrera.

La especialista explicó que tanto los dispositivos como el balón intragástrico, las cirugías bariátricas y los medicamentos inyectables pueden ser herramientas útiles, pero no están diseñados para todas las personas ni pueden administrarse bajo un criterio único.

Su advertencia cobra especial relevancia ante la difusión de sustancias promocionadas en redes sociales como si fueran productos ya aprobados, disponibles y aptos para cualquier persona interesada en reducir medidas.

Retatrutide todavía no está aprobada

Cabrera fue enfática al aclarar el estatus de la retatrutide, un medicamento experimental que ha generado grandes expectativas por su potencial para actuar simultáneamente sobre tres receptores hormonales.

“La retatrutide no está aprobada todavía por la FDA. Está en estudio y la estamos esperando con ansias”, puntualizó.

La retatrutide es investigada como un agonista de los receptores de GLP-1, GIP y glucagón. Sin embargo, hasta julio de 2026 no está disponible para uso público ni ha sido considerada segura y eficaz por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos para ninguna condición. La propia FDA ha advertido que no forma parte de ningún medicamento aprobado y que no puede utilizarse legalmente en preparaciones compuestas en Estados Unidos. (⁠U.S. Food and Drug Administration)

El fármaco continúa siendo evaluado en ensayos clínicos de fase 3, incluidos estudios en personas con obesidad y enfermedades cardiovasculares, osteoartritis y otras condiciones asociadas. (⁠ClinicalTrials)

La aclaración resulta especialmente importante en República Dominicana, donde la Dirección General de Medicamentos, Alimentos y Productos Sanitarios, DIGEMAPS, exhortó recientemente a la población a no consumir medicamentos no aprobados para bajar de peso, sobre todo cuando son adquiridos en establecimientos no autorizados o promovidos mediante redes sociales. (⁠Digemaps)

No todo lo que se llama “péptido” puede inyectarse

Aunque en el mercado y en las plataformas digitales suele utilizarse de manera amplia la palabra “péptidos”, Cabrera explicó que los medicamentos más conocidos dentro de esta conversación actúan sobre hormonas y receptores relacionados con el control del apetito, la regulación metabólica y el sistema digestivo.

La tirzepatida, principio activo de Mounjaro, actúa sobre los receptores de GIP y GLP-1. En Estados Unidos, Mounjaro fue aprobado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, mientras que otra presentación comercial de tirzepatida, Zepbound, recibió autorización para el manejo crónico del peso en determinados adultos con obesidad o sobrepeso y condiciones asociadas. (⁠U.S. Food and Drug Administration)

Esto significa que Mounjaro y tirzepatida no son dos medicamentos distintos: Mounjaro es uno de los nombres comerciales bajo los cuales se vende la tirzepatida.

Cabrera también diferenció estos fármacos de la semaglutida y aclaró que no todas las presentaciones, marcas ni dosis tienen exactamente la misma indicación. Por ello, utilizar un producto destinado al control de la diabetes exclusivamente con fines estéticos, sin evaluación profesional, puede implicar riesgos y un uso alejado de su propósito médico.

La gastroenteróloga recordó que la obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica, no únicamente como un problema de apariencia.

“Una persona que vive con obesidad es un paciente que está sometido a una inflamación crónica sostenida”, explicó, al señalar que el exceso de grasa puede repercutir en el hígado, las arterias, el cerebro y el sistema cardiovascular.

Precisamente por tratarse de una enfermedad compleja, insistió en que no debe abordarse con recomendaciones improvisadas, fórmulas copiadas de las redes o productos adquiridos sin garantías sobre su procedencia y composición.

¿Quiénes deben indicar estos tratamientos?

Cabrera afirmó que estos medicamentos deben manejarse desde áreas de la medicina vinculadas al control metabólico, la nutrición clínica y las enfermedades asociadas a la obesidad.

Entre los profesionales que pueden intervenir mencionó a endocrinólogos, nutriólogos, gastroenterólogos y, en determinados casos, cardiólogos, además de médicos debidamente capacitados en el uso y seguimiento de estos tratamientos.

No obstante, destacó que uno de los principales problemas comienza en los puntos de expendio.

“La regulación debe entrar por donde se despacha el medicamento. A veces una persona va a una farmacia sin receta, se lo despachan y entonces entiende que no necesita al médico”, advirtió.

La especialista también rechazó que la orientación obtenida mediante búsquedas en internet o herramientas de inteligencia artificial pueda sustituir la evaluación clínica, el examen físico, los análisis y el seguimiento de un profesional.

Cáncer de colon en pacientes de 37, 38 y 40 años

Además del uso indiscriminado de medicamentos para adelgazar, Cabrera alertó sobre otra realidad que observa directamente en su consulta: la aparición de cáncer de colon en personas cada vez más jóvenes.

“Anteriormente era una enfermedad de adultos mayores o envejecientes. Cada vez son más los pacientes jóvenes que tienen cáncer de colon. Yo lo veo en mi consulta”, afirmó.

La doctora relató que atendió, en un período cercano, a pacientes de 37, 38 y 40 años, una experiencia que la llevó incluso a realizarse su propia colonoscopia preventiva.

Aunque aclaró que todavía no existe una causa única que explique científicamente el incremento, señaló que entre las hipótesis discutidas están el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados, la exposición a determinadas sustancias, el sedentarismo y el estrés asociado al estilo de vida actual.

Cabrera recordó que existen factores genéticos y hereditarios que no pueden modificarse. Sin embargo, recomendó reducir el riesgo mediante una alimentación rica en fibra, menor consumo de productos ultraprocesados, actividad física, atención oportuna a los síntomas y chequeos adaptados a los antecedentes de cada familia.

“El cáncer de colon es prevenible. Es posible encontrar un pólipo con cambios antes de que se convierta en cáncer y retirarlo a tiempo”, explicó.

Entre las señales que no deben ignorarse enumeró la presencia de sangre en las heces, la pérdida de peso sin intención, la anemia sin una causa identificada, el dolor abdominal persistente, la aparición de una masa y los cambios en el patrón de evacuación, como alternar entre diarrea y estreñimiento.

Asimismo, instó a las personas con familiares que hayan padecido cáncer de colon a buscar orientación médica, debido a que el momento de iniciar los estudios preventivos puede variar en función de los antecedentes.

Usar el celular en el baño puede favorecer el estreñimiento y las hemorroides

Durante la conversación, la gastroenteróloga llamó la atención sobre una práctica aparentemente inofensiva que se ha normalizado: permanecer largos períodos sentado en el inodoro utilizando el teléfono celular.

Según explicó, esta conducta puede interferir con el proceso natural de evacuación y contribuir al estreñimiento y a la aparición de hemorroides, incluso en personas jóvenes.

“El cerebro no entiende si usted fue al baño o si fue a ver el teléfono”, expresó la especialista, al recomendar que el tiempo en el inodoro sea breve.

“Dos minutos son suficientes. Si no hice nada, me paro y me voy”, aconsejó.

La advertencia se suma a una creciente preocupación médica por las rutinas que mantienen a las personas sentadas durante períodos prolongados, distraídas y desconectadas de las señales fisiológicas del organismo.

Hígado graso no es simplemente “una grasita”

Cabrera también advirtió sobre la tendencia a minimizar el diagnóstico de hígado graso, una condición que puede presentarse incluso en personas que no tienen una apariencia corporal asociada a la obesidad.

Explicó que actualmente se habla de enfermedad hepática grasa asociada a disfunción metabólica, debido a su relación con condiciones como diabetes, obesidad abdominal y enfermedades cardiovasculares.

“El hígado graso es un depósito excesivo de grasa en el hígado. Si no se corrige, puede crear fibrosis”, indicó.

La especialista comparó la fibrosis con una cicatriz que se va formando en el órgano. Aunque destacó la extraordinaria capacidad regenerativa del hígado, advirtió que la progresión de la enfermedad puede conducir a cirrosis hepática, una condición irreversible y capaz de deteriorar gravemente la calidad de vida.

“No se puede ver como una grasita que tengo. Puede seguir inflamando el hígado, producir fibrosis y, con el tiempo, llegar a una cirrosis”, enfatizó.

Gastritis, ayunos prolongados y automedicación

La gastroenteróloga insistió en que síntomas como acidez diaria, ardor frecuente, dolor en la llamada “boca del estómago” y reflujo después de cada comida no deben considerarse normales.

También cuestionó la aplicación indiscriminada del ayuno intermitente, especialmente en pacientes con gastritis crónica severa, reflujo o hernia hiatal.

“El ayuno intermitente no es para todo el mundo”, sostuvo Cabrera, al indicar que quienes lo practiquen deben hacerlo acompañados por profesionales, aprender a romperlo correctamente y tomar en consideración factores como el ciclo hormonal femenino.

Explicó que, luego de un ayuno prolongado, la primera comida debe aportar una cantidad adecuada de proteínas y no convertirse en una ingesta desproporcionada de carbohidratos o alimentos de baja calidad nutricional.

Cabrera también rechazó la automedicación con protectores gástricos, antibióticos y otros productos adquiridos sin prescripción.

Advirtió que medicamentos como el omeprazol no deben consumirse indefinidamente como respuesta automática a la acidez y recordó que el uso incorrecto de antibióticos puede alterar la microbiota intestinal y contribuir a la resistencia antimicrobiana.

“No normalicen los síntomas ni se automediquen”, exhortó.

Salud digestiva también implica cuidar la mente

La especialista explicó que existe una conexión científicamente reconocida entre el cerebro y el intestino, en la cual intervienen la microbiota intestinal, los neurotransmisores y el estado emocional.

El estrés crónico, la ansiedad y la depresión pueden intensificar síntomas digestivos, mientras que un sistema digestivo alterado también puede afectar el estado de ánimo, el nivel de energía y el bienestar general.

En consecuencia, señaló que un paciente con gastritis puede mejorar con medicamentos y cambios alimentarios, pero continuar experimentando síntomas si permanece sometido a altos niveles de estrés.

“Puede mejorar, pero no completamente”, sostuvo.

Para proteger el sistema digestivo recomendó cuidar la alimentación, evitar excesos de cítricos y bebidas gaseosas cuando existen síntomas, ingerir porciones pequeñas con mayor frecuencia y mantener una hidratación adecuada.

Por tratarse de un país tropical y caluroso, consideró que muchas personas podrían necesitar entre dos y tres litros de agua al día, aunque recordó que las recomendaciones deben individualizarse según las condiciones de cada paciente.

La entrevista completa con la doctora Pamela Cabrera será difundida a través del canal de YouTube de Tal Cual con Marlenin Román, espacio dedicado a conversaciones humanas, actuales y de utilidad práctica para la audiencia.